Hey, Mister Gonzo, escriba algo para nosotros…

Por Camilo Morón Castro*


Mescalito
Hunter Thompson
Emecé
70 págs.
Traducción: Juan Forn

Miedo y asco en Las Vegas
Un viaje salvaje al corazón del Sueño Americano
Hunter Thompson
Anagrama
208 páginas
Traducción J.M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez


“¿Qué estás haciendo allá arriba? 

Y yo contesté: Estoy escribiendo sobre ustedes, l

os enfermitos de las calles.” 


Hunter S. Thompson



1.Hunter S. Thompson era un dandy que usaba lentes oscuros, redondos, y con marcos dorados, hasta que un golpe seco sonó a cansancio en el rancho de Wody Creek (Colorado). El último hálito sobre el gatillo marcó el ejemplar disparate de un insecto senil que intentaba recuperar la cordura. Un silencio atronador ocupó el lugar de la sombra brillante de su calva y los huesos largos con los que andó por los esquivos y bizarros caminos del sueño americano. Por los aires sólo quedaría el rastro del polvo, del que quiso ser y fue, el protagonista de sus reportajes fantasmas. Al fondo en el cielo despejado de ese radiante día sonó Dylan con Mister tambourine man: 

“Aunque sé que el imperio/de la tarde ha vuelto a convertirse en arena, /Se ha desvanecido entre mis manos, /Me ha dejado a ciegas, de pie, pero sin dormirme aún. /Mi abatimiento me asombra, estoy plantado en mis zapatos, /No hay nadie a quien tenga que ver /Y la antigua y vacía calle está demasiado muerta para soñar.”


El frenesí que mostró en vida es el epígono que va del goce al desvelo. Así, sin caer en una caótica enumeración de acontecimientos, intentaré reseñar el prólogo y el final de esa vida de miedo y asco que nos mostró los mensajes subliminales, detrás de los luminosos avisos de neón que perfilan la búsqueda del anhelado estilo de vida americano del cuál encarnó, casi todos sus estereotipos generacionales; desde la opulencia de los paraísos artificiales a la decadencia de las drogas. De ir más allá del niño-hombre cincuenta por ciento hippie y la otra mitad cowboy; seres que iban y venían sobre el negro asfalto echando dedo, mientras jugaban a ser Guillermo Tell, disparando indiscriminadamente sus rabiosos juguetes. Pero más allá de esto, al igual que algunos representantes de los Beatnicks, descubrió el poder por un extraño e inconcebible milagro, con el nacimiento de un nuevo reportaje del periodismo gonzo, castigando las teclas de su máquina de escribir, como un acto de regreso a la vida ante el acoso de los editores de turno.



2. Según Rodrigo Fresán, el periodismo Gonzo fue, es y será: “Así, gonzo sería una deformación del franco-canadiense gonzeaux que equivaldría a “epifanía” o “sendero brillante”.” Sí, la compulsiva pulsión gonzo comienza como música demencial, pasa a barra libre y acaba posándose como forma narrativa y manera de ver las cosas. Mirada que sólo se alcanza luego de una iluminación o –da igual– del portentoso consumo de drogas varias, y donde el estilo es más importante que la verosimilitud y fidelidad de lo que se reporta. Primerísima primera persona del singular con un paisaje al fondo que podía ser el de Las Vegas, el del Kentucky Derby, el de una campaña electoral, da igual. Lo que importa es informar deformando. El periodista es la estrella: crónica de autor y la noticia, apenas, como vistosa escenografía esperando a su dueño y habitante natural que la vive –y sobrevive– para contarla. A su manera, claro.” El fondo del asunto da igual, pero la ambientación siempre será la misma a la luz deslumbrante de los ojos del Trip informativo. Mezcalito (Screwjack 1969) es el inicio de una gran fiesta barbitúrica que termina con Miedo y Asco en Las Vegas(Fear and Loathing in Las Vegas: A Savage Journey to the Heart of the American Dream, 1971). En estos libros al parecer las situaciones se repiten; en el primer reportaje Hunter se lanza al ruedo, intentando contarnos las pericias de unos pilotos de aviación en una base área situada en el desierto y en el segundo escrito a pedido de una revista deportiva, llega a las Vegas para cubrir una carrera de motos en el desierto. En estos casos, casi nunca sale de su habitación, a menos que sea para dejar la mancha de las llantas de un Cadillac desportillado (que ha alquilado casi nuevo), mientras oficia en su tiempo libre como Charly García, demoliendo hoteles con su compañero de batallas Oscar Zeta Acosta, su abogado de cabecera. El resultado no puede ser otro que una latente angina para un editor ataviado por ponerse a jugar a la ruleta con una pistola cargada y contra un escritor dispuesto a jalar el gatillo cuando está por cerrar la edicción. En suma, mientras Mescalito vio la luz en 1991 con un tiraje de 500 ejemplares sin firma de autor, pasa a convertirse en texto de culto, hasta el año 2005 cuando vuelve a la luz en los Estados Unidos, esta vez luego de la muerte de su autor, por una editorial conocida. Miedo y asco en las Vegas es rechazado por Sport Ilustrated y termina siendo publicada en Rolling Stone bajo la autoría de su alter ego, Raoul Duke.



3. Basta con señalar que las desventuras de este Quijote trip y su Sancho freak, muestran el lado ignorado de una sociedad marginal, pues ya sea el mezcalito, la heroína, las anfetas, el éter o alguna droga blanda o “aceptada” socialmente, como el alcohol o las luces de neón que invitan al desvarío en Las Vegas. Thompson tenía claro lo que quería contar (más allá del remedo anti-antropológico que armó ese títere de muchas cabezas llamado Carlos Castaneda, pero bueno esto da para muchas discusiones…), era el reflejo de su generación más allá, también, del pánico químico y el rito por lo artificial que fue uno de los tantos apellidos con que se bautizaron a estos delirantes años… sus alucinaciones son políticas, amargamente sarcásticas hasta despertar el paladar dormido del lector, mostrando el frenético y salvaje lugar que han dejado de lado los inventores de nuestra condición humana. No es gratuito que el epígrafe del Doctor Johnson que abre Miedo y asco en las Vegas, diga las siguientes palabras: “Aquel que se convierte en una fiera se libra del dolor de ser hombre.” Se abren entonces los poderes de la invención salvaje (como dijo el bueno de Ton Wolfe en una nota de obituario sobre Thompson, elevándolo a la altura del ahogado gemelo de Mark Twain), surge el political junkie que se burla de los políticos de su generación, encarnados en los suelos despiertos del reverendo Luther King, en la fea máscara de Nixon que reposa en la Futurama de Groening y en las masacres de los soldados norteamericanos a lo largo y ancho del mundo buscando su propio apocalipsis now.




También surgió en algún momento un fenómeno llamado el freak power party, un partido político que obligó a los demócratas y republicanos a subirse en el mismo bus, para no ver a Hunter Thompson proclamado Sheriff de Aspen Colorado. Si hay que hacer una distinción luego de estas lecturas, es aquella que despeja el fondo mismo del american dream, como el gusano al interior de la fruta podrida, que en este caso es devorado y no sometido a los rigores del asco… de la misma manera es posible estar en una convención de policías drogados hasta el tuétano, viendo monstruos risueños y babosos que no por eso dejan de ser ajenos a todo peligro, o soñando con las balas imaginarias que atravesarían las placas oficiales, luego de salir de nuestros humeantes cañones viendo pasar la vida desde la ventana de un edificio.
4. Ahora que el mito gonzo no sólo reposa en el frenético instrumental del pianista James Booker, que tocaba sin rumbo y sin sombras tutelares el jazz al estilo Bebop. Ahora que el último hombre ha soportado los rigores del amanecer y mañana se pondrá contar historias, sin importar el peso de algún manual de redacción periodístico, apegado a los pocos o muchos recuerdos que queden y cuando toque recurrir a los dioses del ocaso, apeando al centro de un hoyo negro, sin jockey algún caballo desbocado, hasta que vuelva a sonar otro pérfido balazo anunciando el fin de la temporada de football o de la nueva película de Jhony Dep. Así, parafraseando (con una pésima versión del asunto, que se ajusta para esta deslucida reseña) en alguna parte del cielo celeste un desesperado editor repetirá este estribillo: “¡Hey! Mr. Gonzo, escriba algo para nosotros/No tengo sueño y no voy a ninguna parte. /¡Hey! Mr. Gonzo, escriba algo para nosotros /En el cascabeleo de la mañana te seguiré.”


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*Escritor, Editor de La periferia literaria.

PdL