Por Jahir Camilo Cediel Rincón
El rey de amarillo
Robert W. Chambers
Ilustraciones de Mariana Parra Ríos
Panamericana Editorial
Bogotá, 2026
356 páginas
Esta edición se siente especial, como una pieza exhibida en un museo de lo extraño y de lo insólito. En la zona inferior de la portada se muestran seres de rostros alargados, pálidos y amarillos, casi sin alma, venerando a la figura enorme y encapuchada del rey de amarillo vestido con una larga túnica dorada que deja un rostro cubierto de negro. Detrás, lo que parece una antigua ciudad tenuemente iluminada por dos lunas. Esta es la presentación de un libro que nos deja pensando mil veces en la figura enigmática del rey de este mundo hipotético e irreal que pervive a través del lenguaje de los sueños. Dentro de esta obra, el lector podrá encontrarse con las ilustraciones de Mariana Parra Ríos, las cuales siguen esa misma línea misteriosa y atrapante del libro pues son alargadas, compuestas con un contraste de color muy claro y, por encima de todo, magnéticamente terroríficas.
Entonces ¿qué es El rey de amarillo? Es una antología de cuentos que se interconectan entre sí, dando la sensación de que ocurren en un mismo universo compartido pero en épocas distintas y lugares similares. Esta característica articula al lector al hacerlo el encargado de unir los hilos que se han entretejido por debajo de cada cuento, como si leer resultara en el hallazgo de una constelación narrativa mayor. Ahora bien, en la ficción existe un libro maldito y homónimo del título que induce la locura a quien se atreva a leerlo. No se dan muchas pistas acerca del contenido, salvo que se refiere a dos lugares oníricos y prohibidos para toda la humanidad: Hastur y Carcosa, sitios donde la razón del mundo se transfigura en algo horroroso y donde perviven dioses olvidados de ajenas mitologías. Este carácter doble de El rey de amarillo, como libro en nuestro mundo y obra de teatro dentro del mundo de la obra, tiene un valor metaliterario importante porque es fácil pensar que existe tan solo un ejemplar de El rey de amarillo, y es el libro que el lector tiene en sus manos. Esto hace que las líneas entre ficción y realidad se entrecrucen constantemente, haciendo verosímil todo imaginario imposible.
Esta antología de cuentos permite que nos sumerjamos en su oscura fantasía, sintiéndonos parte de un universo antiguo, planeado y con una dirección inequívoca hacia el sufrimiento. Tal como es sencillo pensar que El rey de amarillo de la obra y el libro físico son el mismo, la ficción se encarga también de interconectar su mundo “real” con Carcosa o Hastur de una manera elegante. Un buen ejemplo de esto es el cuarto cuento, El signo amarillo, el cual narra la historia de un pintor atormentado por su vecino de aspecto nauseabundo. Un día, su modelo, Tessie, le dice que ha soñado dos veces con una carroza negra y un cochero que se parecía a ese vecino. En el coche fúnebre, dentro del ataúd, venía el pintor protagonista. Pasan los días y Tessie le regala un broche para la solapa de su chaqueta con un signo en una lengua desconocida por todos los hombres. Así, de modo enigmático y coherente, la obra entreteje una narrativa que conecta ambos mundos sin sentirse artificial o innecesaria; el paso entre el sueño y la realidad es una línea sumamente delgada y en muchas ocasiones inexistente.
Al final de la edición aparece un apéndice con un fragmento de El horror sobrenatural en la literatura (1927), ensayo en el que H. P. Lovecraft elogia la manera en que Chambers plantea el mundo de Hastur y lamenta que esa línea no se siguiera en obras posteriores; de haberlo hecho, se habría ganado el título de maestro. Estas palabras ayudan a comprender que El rey de amarillo es una antología de cuentos importante para la literatura fantástica ya que tiene un modo particular de plantear su ficción dentro del terror cósmico, vinculando elementos del gótico que le dan a sus matices narrativos una riqueza de espacios lúgubres y nocturnos donde habitan los fantasmas de épocas pasadas. Más allá de la locura o la ensoñación, yace una realidad inalterable mucho más grande que nos cobija en su soledad; detrás del mundo y sus significados hay un universo desconcertante, estéril, inmenso. Leer El rey de amarillo es entrar a un cosmos amarillo que nos observa, nos juzga y nos interpela, es entrar por una puerta onírica que no permite volver; el mundo ya no es el mismo después de caer en las manos de un dios vivo (1).
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(1). Hebreos 10:31, como se citó en Chambers (2026, p. 103).
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