La tragedia del dragón: Agua roja de Fernando Trrujillo

Por Jefferson Echeverría


Una travesía fantástica marcada por el fuego y el autodescubrimiento. Bajo el título La tragedia del dragón, el reseñista Jefferson Echeverría analiza Agua roja, la novela de Fernando Trujillo, la nota explora la vida de Dani, un niño prodigio atrapado en un destino trágico tras el asesinato de sus padres, quien no solo narra su desgarradora realidad en primera persona, sino que descubre que la rabia en su interior es el motor de una transformación mitológica.


Agua roja

Fernando Trujillo

Panamericana Editorial

Bogotá, 2026

244 páginas


¿Qué clase de niño tiene la facultad de narrar toda su vida en primera persona desde los inicios de su existencia hasta el encuentro intempestivo con su destino real? ¿Acaso sus dotes van más allá de un efecto antinatural, lejos de toda concepción humana? ¿Por qué se empeña tanto en querer saber sobre sus orígenes (tan inciertos) si apenas está en la plena iniciación del mundo? Aunque, pensándolo bien, si este niño es quien toma la voz propia para narrar el instante feliz en que su madre le está dando pecho y cuando su padre le enseña a jugar ajedrez, ¿por qué es capaz de captarlo todo con tanta facilidad, si en esta etapa todos los niños del mundo a duras penas balbucean para comunicarse? Y como si fuera poco, ¿cómo es posible que adquiera a tan temprana edad la facilidad de terminar una partida al mismo nivel que un profesional?, y sin contar ¿cómo ha tomado el impulso de pararse sobre sus pies y permanecer más tiempo como si tuviera más de un año? ¿Estamos ante un niño prodigio que será una especie de lumbrera? 

Es imposible saberlo, en principio. Pero un portazo inesperado, unas densas columnas de fuego acaparando el lugar feliz, un grupo de gente ingresando con violencia, un escape desesperado de su padre por la ventana, una caída imprevista de su madre y un chorro de agua roja saliendo de su cabeza han postergado la grandeza de su porvenir. El niño, de nombre Dani, en medio del abandono, es raptado por un grupo de gente, y luego se enfrenta a un lugar totalmente desconocido. El desapego abrupto le ha conmocionado tanto su interior, que empieza a experimentar las primeras señales de nostalgia. Recordemos que todo lo está narrando en su propia voz, por eso, no tenemos más alternativa que perseguir la historia tanto como él está persiguiendo a los asesinos de su madre. Y tras este hallazgo fortuito, nos enfrentamos a un montón de secretos y dilemas que se originan y resuelven mucho más sobre su especie enigmática. 


Al niño Dani lo entregan en adopción. Su nueva familia es completamente distinta a la anterior. Las condiciones cambian de manera frenética y empieza a asimilar la idea de nunca regresar a aquel lugar remoto donde se sentía parte de un mundo soñado. Empezando porque las personas que lo entregaron en adopción, cometieron la negligencia de inventarle una edad superior a la que realmente tiene, pues su cuerpo, ya aumentado en contextura y fuerza, está lejos de ser el de un niño de apenas unos cuantos meses de nacido. La pobreza en la que viven sus nuevos padres disminuye toda expectativa, se halla inmerso en una especie de prisión donde los abusos, el maltrato y la injusticia hacen parte de su diario vivir. 

Pero en su intento por querer narrar los detalles que su memoria privilegiada le ha permitido registrar, se alberga una expectativa inusual. En aras de cualquier niño, la resignación por ver todo perdido sería la respuesta a tanta injusticia. Sin embargo, el fuego que gravita en el corazón de Dani hace que los recuerdos de sus verdaderos padres permanezcan vivos. Esto se convierte en la verdadera inspiración para preservar la dicha de los días lejanos. Dentro de todas las cosas que su memoria registra, hay una que lo arroja a cometer el primer acto intrépido. Escala una especie de muro alto en un parque y, a manera de llamar con el pensamiento a su padre, desea volar por los aires, así como él lo hacía cuando vivía en su verdadero hogar. 

El grupo de gente lo observa con nerviosismo y el pánico se apodera de todos, pero afortunadamente hay un hombre de negro que está a su rescate. De hecho, este hombre, de aire misterioso, se convierte en una sombra que lo persigue durante el resto de sus días, y quien, pese a tener un carácter frívolo y distante, también contribuye notablemente a resolver los nudos que entretejen el mundo de Dani. 


Cuando la muerte le llega de sorpresa, es en esta parte donde Dani nos enseña su lado antinatural. Durante la tormentosa travesía que estuvo enterrado por causa de otro accidente, no sólo es capaz de librarse de la mortalidad, sino también en sus cambios drásticos a nivel corporal se vislumbran transformaciones que distan de toda razón. Le empiezan a crecer garras como si fuera un lobo y sus fauces se alargan a medida que el fuego se enciende en su interior; de su pecho se infla una sensación de rabia que va acrecentando el tamaño de su contextura y el deseo de destruir a quienes le arrebataron la felicidad lo impulsa a cometer estragos.  

El fuego que arde es el mismo que lo acompaña durante sus encuentros con otros seres de similares atributos. Es el que lo impulsa a transformarse en un hospital, justo cuando sufre otro accidente y, en medio de un cautiverio forzoso, una conflagración lo envuelve con la misma furia de antaño, conduciéndolo a otra libertad. Es el mismo que lo obliga a destrozar a sus perseguidores, cuya complicidad con sus perseguidores, lo obligan a completar su verdadera metamorfosis. Ocurre en el momento en el que una revelación hecha mujer resuelve el verdadero secreto mientras ella se encuentra en peligro de muerte. Las alas se alargan mostrando consigo escamas rústicas que sirven como escudo protector contra cualquier arma humana. Por fin logra escupir grandes lenguas de fuego que brotan como si la rabia contenida hubiera por fin salido tras tantos años de atropellos y abandonos. Dani, la bestia humana hecha dragón, está a punto de enfrentar su destino, a compensar las ausencias que los detractores le han arrebatado de un modo infame y, de paso, explicar el origen de sus padres biológicos. Todo nos acontece por la virtud que tiene Dani de hacer propia su historia que, como dragón, no está exento de emplear una prosa verídica para enseñarnos que el fuego, así como el agua roja que tanto se escurre ante sus ojos, también es una forma auténtica de expresar ritmos y verdades que van enlazando eventos colmados de expectativas. 

La obra Agua roja, escrita por el español Fernando Trujillo, así como en el brillante trabajo de edición por parte de Alejandra Sanabria Zambrano, la ilustración de portada de José Parodi, la diagramación de Martha Cadena e Iván Correa y de Panamericana Editorial, nos ofrecen una perspectiva del género fantástico lleno de símbolos que transcurren como secretos donde el lector está en la obligación de seguirlos, paso a paso, pista a pista, siempre acogidos por el orden narrativo y especial de Dani, el dragón.     


PdL