Más de catorce ilusiones, una semblanza de Johan Cruyff

Por Lenin Auris * 


Un día de 1947, en la Holanda de posguerra, nace el trote que suda prosa, los pies que conducen poesía, las jugadas que humillan a artistas visuales. Aunque su fútbol no es arte oficial es una creación paralela, una construcción de talento innato y persistencia en jugar con balón y sin él. Su belleza destruye y respeta a los héroes del pasado. 
Su elegancia modifica los manuales del charm futbolístico. Su efectividad hace olvidar la camiseta enemiga. No pagaban por verlo sino por tratar de entender y disfrutar la novedad.

Improvisaciones en un mundo con pánico al fracaso. Las pelotas se enamoran de El Flaco con su primer toque, amantes satisfechas de noventa minutos. Debut y gol a los 17 años, el único tanto del equipo durante ese partido. Pocos imaginaron que este frágil futbolista comandaría el equipo renovador del deporte rey y su influencia ineludible. Viaja para alegrar las masas. No importan los colores de Holanda, Ajax, Barcelona, Levante, Los Ángeles, Washington ni Feyernoord. Allí interesa el ballet, la velocidad y el gol sobre el verde. Los aficionados sonríen porque pueden seguir situando al fútbol como placebo frente a la vida cotidiana.

Comienza el juego: técnica, táctica, pases, magia y placer. Un gol, dos goles, tres goles, cero goles, un gol en contra, nadie se preocupa, el nuevo estilo y el Holandés Volador permanecen en el campo. Pitazo final, alegría, pena o esperanza para el próximo partido.

El estadio vacío, la fiesta terminó, comentarios eternos camino a casa. Cuando Johan duerme sigue jugando en los sueños de los hinchas y éstos se lo agradecen. Triunfos holandeses, supremacía en las copas y es elegido mejor jugador europeo.

El contagio emocional que conduce a poner actores sociales y animales en una situación dramática, deriva de antiguas prácticas de sacrificio en rituales arcaicos, en los que se ofrendaba una víctima animal, lo cual sustituía el elemento sacrificado, como en el caso de la cosecha o la necesidad de apaciguar la ira de los dioses sobre una catástrofe natural y esta víctima también era devorada en la parte final del ritual.




Representante de la Naranja Mecánica, socio de Rinus Michels, el fundador del "Fútbol Total”, jugar al balón sin él y ganarlo. Amalgama de talento y destrucción. Presionar y presionar, los once defienden, los once atacan. Y un catorce virtuoso para que la máquina sea imprevisible para no olvidar la libertad en el juego ni la burla al rival y para recordar que este deporte profesional es solo placer infantil. Fútbol dominado por el dinero, con jugadores estresados, con miedo a meter la pata y fascinados por el entorno y no por el juego, Johan nos brinda minutos de esperanza, con desplazamiento hábil y seguro. Tres veces Balón de Oro le dan valor oficial. No obstante, el pueblo lo corona cada tarde, incluso en los malos días. Es el mejor jugador del 74, despidió a Uruguay, dos a cero contra Brasil y goleada a Argentina. Holanda llega a la final con Alemania, empieza el partido con cambio de ritmo e ingreso al área de Cruyff y penal, gol. 

Müller, el bombardero alemán, destruye la copa para la Naranja Mecánica. Pasan cuatro años y otra oportunidad en Suramérica, a dictadura y la FIFA la organiza. Luego, un secuestro en casa. La familia del astro y en Argentina desapariciones y muertes le alejan de la revancha. ¿Irá al mundial? No. La historia ya está escrita, el legado es firme.

Rinus, Johan y el equipo holandés cambiaron el mundo futbolístico para siempre, todos son obreros sin negar sus fortalezas y debilidades, una manera de interiorizar el fútbol para divertirse con sensatez y sistematizar ese juego de niños. Cruyff proclama el disfrute del balón, la responsabilidad social dentro y fuera del campo, el amor por el juego ofensivo. Antes de despedirse de las canchas hace una pared durante un penal y es gol, reafirma el fútbol como forma de vida.

Como técnico saca de sus cenizas al equipo catalán. Sofoca un motín. Sienta las bases de los grandes equipos del Barcelona de los últimos 20 años. Implanta su juego ofensivo y escribe su “filosofía”.

No nos importa que fuera el único en negarse a utilizar la marca auspiciadora de su selección. El tiempo pasa y las imágenes imprescindibles perduran. Se libera del jugador, del técnico, del fútbol.

Llega Johan Cruyff solo, sonríe y se va. No lo alcanzaremos, pero jamás sus ilusiones dejarán de ofrecer lo que significa ese número catorce. 

Interés madrileño y catalán, decide por la azulgrana sin dudarlo y amenaza con largar el deporte si su deseo no es complacido. El éxito y los fracasos no debilitan su tenacidad para perseverar en lo que crea. Llama Jordi a su hijo en un mundo holandés sin Jordis y con reticencia a inscribirlo con ese nombre, para no ceder en sus decisiones frente al esférico. Nunca se somete a los caprichos de los patrones de sus clubes, juega donde quiere y se va cuando le da la gana.


* Lenin Auris. Artista plástico peruano. Estudió la Maestría en Escrituras creativas de la Universidad Nacional de Colombia. Su novela Autorretrete fue publicada en 2012. Es técnico de fútbol y tiene un poco de arbitro en la sangre.

PdL