Mis cinco mejores libros leídos en 2025 (parte dos)

 

Compartimos la segunda parte de nuestras listas de libros leídos en 2025; estas son las recomendaciones de nuestro colaborador Andrés Gómez Morales.


Por Andrés Gómez Morales


Un lugar soleado para gente sombría
Mariana Enríquez
Anagrama, 2024

Lo más notable de este conjunto de cuentos radica en la manera en que Mariana Enríquez retoma elementos del gótico clásico y los traslada a escenarios contemporáneos para dar cuenta de fenómenos sociales como la marginalidad, el body horror y los fantasmas persistentes de la dictadura. Como en sus libros anteriores, la autora argentina continúa entrelazando el realismo social con la literatura fantástica, a la vez que consolida una unidad estilística reconocible.

Esta operación no oculta, sino que exhibe, un entramado de influencias literarias que va de Edgar Allan Poe a H. P. Lovecraft, pasando por Shirley Jackson, Stephen King, Silvina Ocampo, Horacio Quiroga y Roberto Bolaño. A ello se suma una atmósfera narrativa atravesada por la música que acompaña y nutre la escritura de Enríquez (célebre también por su labor como crítica de rock), sin que ello afecte la coherencia interna de los relatos. De este modo, “Diferentes colores hechos de lágrimas” remite a The Velvet Underground; "Un artista local", a Nick Cave; "La mujer que sufre", a Lana Del Rey; "Ojos negros", a Taylor Swift. Se conjugan así en la escritura: lo sobrenatural, los espacios en ruinas y las figuras marginales con la cultura musical como elemento clave de identidad generacional.

Al igual que en el cine de Lucrecia Martel, particularmente en relatos como Cementerio de heladeras o Un lugar soleado para gente sombría, el terror no emerge de lo desconocido sino de lo cotidiano: de aquello que encubren las convenciones sociales, de los objetos en desuso, de los espacios deteriorados por la violencia estructural y de los cuerpos reprimidos por la lógica mercantil.

El libro, uno de los más logrados de Mariana Enríquez, pone en primer plano problemáticas contemporáneas sin caer en la militancia política, aunque deja en claro una postura definida desde lo estético. Al mismo tiempo, los relatos funcionan como una puerta de entrada privilegiada a su universo narrativo, permiten comprender sus obras tempranas y proyectan las posibilidades de su escritura más allá de las fronteras geográficas e idiomáticas.

Conversación en La Catedral
Mario Vargas Llosa
Debolsillo, 2020. 

En Conversación en La Catedral, Mario Vargas Llosa construye una de las novelas más ambiciosas de la literatura latinoamericana al asumir que el lenguaje contiene todas las posibilidades de lo que podemos ser. La obra enfrenta la realidad peruana no como un problema regional, sino como una experiencia humana compartida, atravesada por conflictos que rehúyen cualquier simplificación maniquea. La corrupción, la frustración y la derrota no se presentan como categorías morales cerradas, sino como fuerzas ambiguas que se desplazan entre lo íntimo y lo político. En ese sentido, la novela transforma la historia reciente en materia narrativa sin reducir su complejidad. Vargas Llosa entiende que la vida social, como la vida individual, no admite definiciones simples. La conversación se vuelve así una forma de descubrimiento para los protagonistas.

La ciudad de Lima es asimilada como un telón de fondo legendario, un espacio mítico donde los temas periféricos adquieren densidad simbólica. Sus habitantes anónimos, atrapados entre el miedo y el deseo, se convierten en totalidades atravesadas por el lenguaje, particularmente en la extensa conversación entre Zavalita y el zambo Ambrosio. La Lima horrible de La ciudad y los perros reaparece aquí sin la disyuntiva entre el cuartel y la ciudad, desplazada ahora hacia la tensión entre la familia y el espacio urbano. La familia representa la política, mientras la ciudad desborda las identidades partidarias de odriístas y apristas. 

El Vargas Llosa de Conversación en La Catedral excede al del liberalismo tribal que marcaría etapas posteriores de su obra, y la novela lo absuelve de cualquier corrección política retrospectiva. Sorprende el tono salingeriano en la mirada de la juventud desencantada, así como el erotismo de raíz bataillana que recorre la decadencia urbana. El narrador no solo ilustra la conversación, sino que se desdobla en una voz adulta que interpela a Zavalita, su doble joven, enfrentado al mundo familiar que juzga corrupto y a la ambigüedad política y sexual del padre. Desde ese diálogo interior, la experiencia individual se expande y adquiere una resonancia universal. La conversación, finalmente, es la historia latinoamericana reciente. 


No digas nada. Una vida de Charly García 
Sergio Marchi
Aguilar, 2024

Más que una biografía exhaustiva de la vida del músico argentino que anuncia el título, el libro ofrece una mirada en primera persona construida a partir de la cercanía que Sergio Marchi mantuvo con García durante los años noventa. En ese sentido, se trata de unas memorias centradas en el período más caótico del artista, conocido como SNM, cuando pasó de ser una luminaria de los grandes escenarios a integrarse al underground argentino. Es una etapa marcada por la experimentación y el desborde, reflejo del desgaste físico y mental provocado por los excesos y por un desorden de personalidad tan notorio como el talento que había desplegado en las décadas previas junto a Nito Mestre, Pedro Aznar, David Lebón y Oscar Moro.

Marchi construye un retrato fragmentario, coherente con su posición de testigo directo, en un ejercicio periodístico que evita la conjetura y se apoya en la experiencia propia y en testimonios confiables. A lo largo del libro aparece alternativamente como manager ocasional, baterista de sesión, consejero familiar o amigo íntimo, y solo en contadas ocasiones como cómplice incondicional. Cuando el relato vuelve a su zona de mayor seguridad, la del crítico de rock, la figura de García queda a distancia de los mitos construidos por los medios, los seguidores y el propio artista. Esa decisión narrativa resta épica, pero gana densidad trágica, al anticipar la decadencia actual del músico debido a los excesos, la psiquiatría y la presión del entorno.

Resulta especialmente interesante el modo en que las memorias se intercalan con crónicas de conciertos y entrevistas, lo que permite desmontar tanto la mirada sensacionalista de la prensa como la demanda desmedida de un público que suele exigir a sus ídolos más de lo que pueden ofrecer. En ese equilibrio entre cercanía y distancia, los análisis de los discos de la etapa solista compensan la cautela del cronista. Marchi no oculta su admiración por el músico ni la compasión por la persona, y logra un libro que se aleja del culto acrítico sin renunciar al respeto por una figura central del rock argentino.

El pichamiento 
Juan Fernando Hincapié
Editorial Planeta, 2025. 

Puede resultar reduccionista, en el ámbito del arte, la proposición 5.6 de Wittgenstein en el Tractatus Logico-Philosophicus: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”, dado que la literatura contemporánea, desde Joyce, se ha caracterizado por intentar registrar aquello que el psicoanálisis denomina el afuera del lenguaje. Sin embargo, este procedimiento funciona con mayor eficacia en la poesía que en la narrativa, donde con frecuencia el virtuosismo poético tiende a confundir la voz del autor con la del narrador, cristalizando en la figura de un yo testimonial, que elude los mecanismos de la ficción para privilegiar la experiencia o la verdad, sobre la invención de un lenguaje literario traducido en estilo.

Es precisamente la ausencia de un lenguaje literario propio lo que suele predominar en la escritura sobre la ciudad, en la medida en que muchas de estas tentativas buscan ajustarse a lectores cautivos por las tendencias del mercado y a las expectativas institucionales, para quienes una propuesta narrativa orientada a la invención de un lenguaje resulta incómoda. En consecuencia, y bajo la exigencia de volverse accesible o pertinente frente a problemáticas de coyuntura, es frecuente la aparición de literaturas indígenas producidas por académicos, una literatura rural a cargo de neohippies urbanos y una literatura periférica diseñada para grandes editoriales. Todo ello puede ser legítimo en términos de visibilización e inclusión, pero resulta insuficiente para la construcción de un estilo capaz de narrar la ciudad desde una voz literaria singular, como sí ocurre en el libro más reciente de Juan Fernando Hincapié.

En El pichamiento, Hincapié plantea, con mayor solvencia que en sus libros anteriores, que los límites de su mundo son también los límites de su lenguaje, valiéndose de una gramática literaria precisa, a la manera de Fernando Vallejo en Logoi. De este modo, configura una voz narrativa bogotana, consciente de sus recursos, que evoca al Bandini de Fante o al Caulfield de Salinger por la plasticidad del lenguaje dentro de un mundo enmarcado por la voz del protagonista. Esta elección le permite evitar tanto el tono confesional como el stream of consciousness, que aspira a captar totalidades más allá de las posibilidades de la lengua. En contraste, Bogotá se define aquí a través de la sinécdoque: el barrio de la infancia del autor, la urbanización del norte reconstruida desde el presente, primero como crónica de Mirandela y luego como una ácida novela coming of age ambientada en los años noventa, atravesada por un humor cercano al de Antonio Caballero y sostenida en una economía eficaz de recursos literarios.  



Welcome to the Jungle.
Destellos de la gloria del rock norteamericano de los 80
Jacobo Celnik
Agular, 2025. 

El libro aborda el rock norteamericano de los años ochenta desde una mirada crítica y apasionada, a partir de la perspectiva de un autor colombiano que asume esa década como la mejor época del rock. Su introducción consta de un ensayo sobre los vínculos y rupturas del rock de los ochenta con décadas anteriores y parte de una premisa tomada de Simon Reynolds: ¿puede ser que el peligro más grande para el futuro de nuestra cultura musical sea su pasado? Celnik reformula esta pregunta no como una advertencia contra la memoria, sino como una defensa de ella: la necesidad de conservar el legado musical de los ochenta para impedir que el paso del tiempo lo opaque, lo simplifique o lo vuelva irrelevante. En ese sentido, el libro se sitúa entre la crítica cultural y el ejercicio de la memoria musical.

A lo largo del libro se reconoce a los años ochenta como una década que construyó “un puente entre el arte y la identidad, la tecnología y la música”, momento en el que el rock dejó de ser exclusivamente un lenguaje de la contracultura para convertirse en un pilar cultural que influyó en la moda, el lenguaje y la forma en que las personas se pensaban a sí mismas. El texto recorre estilos y sonidos clave —las power ballads, el new wave, el virtuosismo de Van Halen y la incorporación de teclados que expandió las posibilidades sonoras— y analiza el cambio de formatos, del LP al casete, junto con la aparición del walkman, que permitió llevar la música fuera del hogar y construir entornos sonoros portátiles. También se detiene en un sonido más accesible a la cultura de masas, representado por bandas como Journey, REO Speedwagon, Asia, Rush o Jefferson Starship, así como en el auge del hard rock y el hair metal, donde Mötley Crüe abrió el camino a grupos como Bon Jovi, Dokken, Ratt o Cinderella, en una época en la que el productor adquirió un peso decisivo y el énfasis se desplazó del arte por el arte hacia los resultados comerciales.

En el contexto actual del streaming, las playlists automatizadas y el consumo ininterrumpido de música, Welcome to the Jungle se presenta como un libro necesario. Funciona como una guía de iniciación, una sugerencia sugestiva a volver a las tiendas de discos y transformar el acceso digital en búsquedas más conscientes, orientadas a explorar más que a consumir. El autor advierte que el listado de los noventa discos no busca el consenso, sino reflejar la experiencia de un oyente que ha dedicado tiempo a la escucha y a la búsqueda, trazando un mapa personal y no definitivo. En ese sentido, el libro es coherente con otros títulos del autor como Los 80: Volver al futuro. Otra edad de la música británica, que amplía el panorama desde otra geografía, y La Causa Nacional, dedicado al rock colombiano. Así, Jacobo Celnik consolida un proyecto crítico centrado en la memoria, la escucha atenta y la exploración musical.

PdL