Las ruinas en el tiempo



Una vértebra de Gaitán, la muerte de Carlos Gardel en Medellín, el funeral de R.H. Moreno Durán, el relato de los hechos del 9 de abril en la autobiografía de Gabriel García Márquez, recortes de periódico, un escritor exiliado por decisión propia en Europa, su regreso a Colombia, el complicado nacimiento de unas gemelas, la muerte del General Uribe Uribe. 

La forma de las ruinas, novela de Juan Gabriel Vásquez, se desarrolla a manera de imagen, tal cual se nos ha transmitido en la televisión o el cine en películas como Una mente brillante: un gran muro con retazos de periódicos, fotografías y toda clase de información desplegados por todas partes y con hilos que se entrecruzan de lado a lado tratando de dar una narrativa a hechos que en principio parecen aislados.


Por Cristian Soler

La forma de las ruinas
Juan Gabriel Vásquez
Alfaguara
Bogotá, 2015
551 páginas

Moviéndose entre el relato policial, el relato meta ficcional y el relato confesional, La forma de las ruinas construye en sus páginas una gran conspiración en la cual se empiezan a entretejer algunos de los asesinatos más relevantes del siglo XX, particularmente para la historia nacional: las muertes del General Uribe Uribe, Jorge Eliecer Gaitán y John F. Kennedy. La pregunta que las une es precisamente, ¿qué pueden tener en común estos crímenes más allá del hecho de que ninguno de ellos fue resuelto de forma satisfactoria? En medio de esta trama que atraviesa a grandes personajes y sucesos de la historia, también convergen vidas que en apariencia no tienen relación con ella, vidas anónimas. Así, quienes le dan forma a este entretejido de hechos son Carlos Carballo, un hombre obsesionado con estos asesinatos, y Juan Gabriel Vásquez, un escritor que se ve involucrado en esta trama de forma casi accidental.

Es a través del personaje de Vásquez que se nos dan a conocer estos sucesos, él es el narrador de esta novela y quien de una manera u otra trata de dar sentido al cúmulo de información que pueden dejar la gran historia, la historia oficial, y esos relatos de personas comunes que desde una mayor o menor distancia la vivieron. Un conocido en común es lo que une a Vásquez con Carballo, este mismo conocido es quien los liga con una costilla extraída del cuerpo de Gaitán y con su asesinato. De esta forma, se establece un doble juego entre perseguidor y perseguido: Carballo busca a Vásquez para que escriba un libro que da cuenta de sus hallazgos conspirativos, Vásquez busca a Carballo para saber si éste robó la costilla de Gaitán que solía estar en posesión de ese conocido en común.




Desde el principio de la novela, Carballo se constituye en la figura que hace mover la trama pese a no tener la voz narrativa. Por el retrato que hace el personaje de Vásquez, sabemos que Carballo tiene un interés particular o una obsesión por la muerte de Gaitán, interés que lo lleva a colarse de noche a la casa de Gaitán para robar su traje de paño y que pronto se muestra no estar simplemente dirigido hacia este caudillo liberal sino también a otro asesinato de un líder político cuyo autor no se pudo esclarecer por completo, el General Uribe Uribe. ¿Qué motivos personales mueven a Carballo? Ese es uno de los grandes misterios que trata de resolver la novela y que llevan a su narrador por diversos lugares, como una cabina de radio para presenciar a Carballo, como locutor, hilando teorías conspirativas junto a sus oyentes; o el apartamento del mismo Carballo para leer el recuento que del asesinato del General Uribe Uribe hizo M. T. Anzola Samper, uno de los  protagonistas del juicio que le siguió a este crimen.

En su doble papel de detective y escritor, los textos cobran una importancia central para Vásquez. Y no son simplemente los panfletos como los de Anzola o los recortes de periódicos los que le sirven de pistas en su investigación. En esta trama también aparecen las columnas que el narrador escribe para periódicos como El Espectador, los comentarios que en internet hacen los lectores a aquellas columnas, las memorias de Gabriel García Márquez y ese cuento de Borges en el que se bosqueja una conspiración que atraviesa la historia, “Tema del traidor y del héroe”. 

Como en el cuento de Borges o en las memorias de García Márquez, en la que el Nobel plantea que Roa Sierra no fue el único asesino de Gaitán, lo que se pone de presente es el complejo papel que cada actor juega en el desarrollo de la historia, no importa si se trata de un importante caudillo político o de un simple seguidor suyo que hace parte de las masas que reaccionan ante su muerte.

De esta forma, ni siquiera aquellos que al parecer se dedican simplemente a relatar estos hechos desde la comodidad que deja el paso de los años, pueden permanecer completamente ajenos al desarrollo de la historia, o de las múltiples narrativas que se tejen alrededor de ella. Como Carballo, Vásquez también se ha obsesionado con la muerte de Gaitán, hasta el punto de pedirle en sus años de estudiante universitario a uno de sus profesores que había presenciado ese suceso que se lo relatara. Y a medida que avanza la novela este entrecruce entre la vida privada y los hechos públicos se hace más ineludible: Vásquez, el escritor de novelas como Los Informantes o El ruido de las cosas al caer, que tratan sobre diferentes hechos de la historia nacional, exiliado en Europa durante varios años y padre de dos gemelas, debe afrontar esa realidad que lo rodea en su país natal, debe tomar decisiones sobre cuál es el mejor lugar para criar a sus hijas, debe afrontar esa violencia que se vuelve evidente hasta en los foros de sus columnas por internet.

Como una novela hipertextual, La forma de las ruinas va más allá de simplemente citar otros libros, documentos o autores. En esta historia el narrador también provee imágenes de la costilla de Gaitán o de documentos oficiales que iluminan uno u otro aspecto de la trama. En este sentido, es clara la influencia que ejerce un autor como W. G. Sebald, quien dota a sus narrativas de imágenes, grabados y fotografías. Sin embargo, el libro de Juan Gabriel Vásquez podría estar más cercano a Mumbo Jumbo de Ishmael Reed, novela con la que, más allá del uso documental de imágenes, también comparte el interés por las conspiraciones. 

Para Vásquez la visión conspirativa se puede entender como: “un escenario de sombras y manos invisibles y ojos que espían y susurran en las esquinas, un teatro en el cual todo ocurre por una razón, los accidentes no existen y mucho menos las coincidencias, y donde las causas de lo sucedido se silencian por razones que nunca nadie conoce”. Ante esta visión de la historia, Vásquez, el personaje y narrador de esta novela, dice contraponerse con su escepticismo e ironía. Una afirmación que sin embargo no parece del todo segura y sincera teniendo en cuenta que a lo largo de esta trama el narrador parece dejarse llevar por ese laberinto que Carballo teje a su alrededor con una gran dosis de curiosidad, que el método conspirativo de ver conexiones en hechos aparentemente aislados también seduce a Vásquez cuando relaciona hechos de la historia nacional con momentos de su vida privada, que esa interminable búsqueda por la verdad es común en Carballo, en el narrador-escritor y todos aquellos héroes, traidores y personajes olvidados de la historia que sólo buscan darle un sentido a la realidad que los rodea.

PdL